Mi cabeza es como un jardin de niños
Es difícil organizarlos, pero cuando lo logras y empiezas la clase de crayola, no falta alguno que se pare de su puesto y raye en la pared...
En la clase de punzar papel, a pesar de los ‘materiales filosos' que se manejan, no existe peligro, pues todos estos niños son acolchonaditos y lo elementos además de ser ‘filosos' no hieren...
Si miras a todos estos niños cuando están sentados, a los ojos, se ven inocentes, lindos, con cara de angelitos, aunque igual sepas que en algún momento se van a poner de pie y van a correr y a gritar por todo el salón... En ese momento es cuando no sabes si reírte o sentarte a llorar. Estos niños descontrolados, corriendo y riendo por ahí. Esa es su naturaleza, pero, supuestamente estamos aquí para educarnos ¿entonces?
Dicen que todos los niños son divinos...para mi, en algunos casos lo son solo cuando duermen o a veces, los peligrosos, cuando no han nacido. El mejor momento es el de la siesta, aquí es cuando verdaderamente sus mentes internas vuelan; no se sabe si se encuentran entre ellas, lo más seguro es que sí...
Estos niños nunca abandonan la escuela, nunca llegan ni se van, cada día aprenden cosas pero nunca es suficiente. Cada día sienten más pasión y quieren aprender más, por eso son las constantes preguntas: ¿x q? ¿Para q? ¿Cómo? ¿Cuándo? Y ¿Dónde?.. nunca pueden tener suficiente.
Tal vez de lo que nunca se tiene suficiente es de conocimiento. Te puedes cansar de comer repetidamente algo, te puedes cansar de un grupo musical, de una canción, tal vez de una película que te guste mucho; te puedes cansar de tropezarte pero no del conocimiento que adquiriste por ello, y te seguirás tropezando con la misma piedrita si no te das cuenta por qué ésta está ahí; así que eso es necesario, tropezarse es necesario
Cada niño de este jardín está ahí sin saber de dónde viene ni para donde va, solo esperan aprender a colorear sin salirse de la línea, aprender a ir al baño y a tomarse la sopa solos, aprender a convivir con otros niños y a saber que hay que hacer la fila y esperar, q a cada quién le toca su trozo de pastel. Aprenden los nombres de cosas innombrables, aprenden a hacer bolitas y palitos, a hablar bien, a hablar mal, a ser iguales y a ser diferentes, aprenden los números y los colores, y aprenden que los crayones no son para las paredes. Aprenden que nada sobra pero que nunca falta, se dan cuenta que lo único que raya en la piel son los marcadores, que las tijeras son de adultos, que los adultos no se sabe quiénes son, que los niños somos nosotros aunque no lo sepamos, que una sonrisa es toda una filosofía que gira en torno a perseguir un bicho volador (parecido a una mariposa) durante todo el recreo, y finalmente, aprenden que el recreo no lo es todo y que todo no es un recreo.



